MENORES

Capítulo 21. Ansiedad

La ansiedad no es solo “estar nervioso”. Es una reacción real del cuerpo cuando siente amenaza, aunque la amenaza no exista. Entenderla es el primer paso para poder manejarla.

¿Qué ocurre?

La ansiedad en menores aparece cuando el sistema de alerta del cuerpo se activa sin que haya un peligro real inmediato. No es una emoción puntual como el miedo, sino un estado más sostenido de anticipación, preocupación y tensión. El menor vive “por delante”, imaginando lo que podría salir mal y preparándose para ello una y otra vez.

A diferencia del miedo, que suele tener un objeto claro, la ansiedad es más difusa. Puede expresarse como preocupación constante, necesidad de control, evitación, rigidez, dolores de barriga, cefaleas, problemas de sueño o dificultad para concentrarse. A veces el menor no sabe decir qué le pasa; solo siente que “algo no está bien”.

Desde fuera, la ansiedad puede confundirse con exageración, manía, dependencia o falta de autonomía. El adulto intenta tranquilizar, dar explicaciones lógicas o resolver el problema por él. Sin querer, estas respuestas alivian a corto plazo, pero refuerzan la idea de que el mundo es peligroso y que el menor no puede manejarlo solo.

Para el menor, la ansiedad se vive en el cuerpo: corazón acelerado, respiración rápida, tensión muscular. La cabeza se llena de “y si…”. No es una elección, ni una búsqueda de atención. Es un sistema nervioso que no logra apagarse.

Comprender esto es clave: la ansiedad no se elimina tranquilizando ni evitando, sino aprendiendo a tolerar la activación y a actuar a pesar de ella.

Objetivos del capítulo

  • Comprender qué es la ansiedad y cómo se manifiesta en menores.
  • Diferenciar ansiedad, miedo y evitación.
  • Evitar respuestas adultas que mantienen el círculo ansioso.
  • Aprender a acompañar favoreciendo la autonomía y el afrontamiento..

Cómo trabajarlo

La ansiedad se reduce cuando el menor comprueba que puede con ella. Algunas claves prácticas:

  • Valida la emoción, no la amenaza. “Entiendo que estés nervioso” no es lo mismo que “tienes razón en preocuparte”.
  • Reduce la tranquilización constante. Responder siempre a las mismas preocupaciones mantiene el problema.
  • Favorece el afrontamiento gradual. Evitar alivia hoy, pero empeora mañana.
  • Trabaja con el cuerpo. Respiración, movimiento y conciencia corporal ayudan a bajar la activación.
  • Nombra lo que pasa. Saber “esto es ansiedad” reduce el miedo a lo que se siente.
  • Refuerza el intento, no la calma perfecta. Actuar con nervios ya es un avance.

Materiales

Tal y como explicamos en el libro, la ansiedad exige adaptarnos a su curva. Cuanto antes empecemos a gestionarla, mejor serán sus resultados.

Para eso y como punto de partida, los chicos necesitan saber nombrarla y entenderla. Para ello solemos recurrir al ansiómetro.

Posteriormente podemos abordar las diferentes estrategias de gestión: a nivel corporal, como la respiración diafragmática; a nivel cognitivo, como con la reestructuración; o el plan de recuperación ya más a nivel resumen/conductual.

Usa estos materiales a tu gusto y recuerda adaptarlos a tus necesidades.

Vídeos recomendados

Algunos vídeos breves que pueden ayudarte a reflexionar y acompañar lo trabajado en este capítulo.

“Cómo entrenar tu cerebro para vivir mejor. (Ana Ibáñez, 2024)

¿Podemos entrenar nuestro cerebro para vivir mejor? ¿Es verdad que podemos utilizar los últimos descubrimientos de la neurociencia para mejorar nuestra autoestima, nuestras capacidades o gestionar mejor nuestras emociones?

“Respiración diafragmática para niños” (Silvia Álava, 2020)

Aprender, para enseñar, a respirar diafragmáticamente.

Recomendaciones

Webgrafía

Preguntas de cierre

No se trata de responderlo todo ahora, sino de quedarte con una pregunta que merezca acompañarte estos días.

  • ¿Qué situaciones disparan más la ansiedad de mi hijo?
  • ¿Estoy tranquilizando, evitando o acompañando el afrontamiento?
  • ¿Qué pequeño paso puedo ayudarle a dar esta semana aunque tenga nervios?