MENORES

Capítulo 14. Bajo estado de ánimo. Falta de seguridad

Cuando la tristeza, el desánimo o la inseguridad empiezan a ocupar demasiado espacio.

¿Qué ocurre?

El bajo estado de ánimo en menores no siempre se presenta como tristeza evidente. A veces aparece como apatía, irritabilidad, cansancio constante, falta de ilusión o una sensación difusa de “estar mal” que el propio niño no sabe explicar. En otras ocasiones, va acompañado de una inseguridad creciente: miedo a equivocarse, evitación, dependencia excesiva del adulto o una autocrítica muy dura.

Desde fuera, puede parecer que el menor está desganado, negativo o poco agradecido. En casa se escuchan frases como “nunca está contento”, “todo le cuesta”, “siempre ve lo malo”. Estas interpretaciones, aunque comprensibles, suelen aumentar la distancia emocional y la sensación de incomprensión.

Para el menor, lo que suele haber es una vivencia interna de fragilidad. Se siente menos capaz, menos valioso o menos seguro de sí mismo. Esto hace que se exponga menos, que evite retos y que se proteja bajando expectativas. En muchos casos, el bajo estado de ánimo y la inseguridad funcionan como una armadura: si no espero nada, no me decepciono.

Es importante recordar que todos los niños atraviesan bajadas de ánimo puntuales. El problema aparece cuando ese estado se mantiene en el tiempo, se generaliza a distintas áreas o empieza a condicionar su forma de relacionarse consigo mismo y con los demás.

El papel del adulto aquí es delicado: ni minimizar (“no es para tanto”) ni sobredimensionar (“esto es muy grave”), sino acompañar, observar y sostener, ayudando al menor a recuperar poco a poco una sensación de valía y seguridad interna.

Objetivos del capítulo

  • Comprender cómo se manifiesta el bajo estado de ánimo en niños y adolescentes.
  • Diferenciar una bajada emocional puntual de un malestar más persistente.
  • Evitar respuestas adultas que, sin querer, refuercen la inseguridad.
  • Aprender formas de acompañar que favorezcan la autoestima y la confianza.

Cómo trabajarlo

El bajo estado de ánimo no se corrige con discursos optimistas ni con exigencias de “estar bien”. Algunas claves prácticas:

  • Valida sin dramatizar. Reconocer cómo se siente el menor no significa estar de acuerdo con todo, sino mostrar que su emoción tiene un lugar.
  • Evita etiquetas negativas. Frases como “eres muy negativo” o “siempre estás triste” acaban definiendo al menor desde su malestar.
  • Refuerza la identidad más allá del estado de ánimo. El niño no es su tristeza ni su inseguridad.
  • Cuida el lenguaje interno. Ayúdale a identificar cómo se habla a sí mismo y a suavizar la autocrítica.
  • Propón retos pequeños y alcanzables. La seguridad se construye desde experiencias reales de logro, no desde elogios vacíos.
  • Mantén rutinas estables. El orden y la previsibilidad sostienen emocionalmente cuando el ánimo flojea..

Materiales

Como decimos, sacar una sonrisa puede ser fácil, pero mejorar el estado de ánimo de forma generalizada, es una labor de fondo. En el siguiente enlace te proponemos una forma de ir construyendo, poco a poco.

Usa estos materiales a tu gusto y recuerda adaptarlos a tus necesidades.

Vídeos recomendados

Algunos vídeos breves que pueden ayudarte a reflexionar y acompañar lo trabajado en este capítulo.

“La clave de todo es tener un sentido de vida”. , empresario y profesor” (Emilio Duró, 2025)

Emilio Duró ofrece algunas claves fundamentales para enfrentar la adversidad y vivir una vida con propósito, basada en el bienestar a largo plazo y no en el placer inmediato.

“Mejora tu ESTADO DE ÁNIMO y aumentar la SEROTONINA con estos Consejos | Dr. LA ROSA

” (Dr. La Rosa, 2021)

El estado de ánimo desde un punto de vista más científico y neurológico, pero con claves prácticas.

Recomendaciones

  • Libro — Paco (Paula Carballeira y Blanca Barrio, Kalanadraka). Cuento sobre los viajes, la nostalgia y la amistad. A partir de 3 años.
  • Película — Up (Pete Docter, 2009).
  • Corto — La oveja pelada (Bud Luckey y Roger L. Gould, 2003).

Webgrafía

Preguntas de cierre

No se trata de responderlo todo ahora, sino de quedarte con una pregunta que merezca acompañarte estos días.

  • ¿En qué situaciones noto más claramente la falta de motivación de mi hijo?
  • ¿Qué expectativas mías pueden estar pesando demasiado?
  • ¿Qué pequeño paso realista puedo proponer esta semana para que vuelva a intentarlo?